Exotismo, utopías y demás fantasías urbanitas

Si todavía no me conoces… Visita mi About, por qué soy como soy y mi Porqué. Te invito también a que curiosees las otras entradas que he ido publicando…  ¡Y bienvenido!

Hace unos días vi la película Eat, Pray, Love con mi hermana. Como sabéis, llevo ya casi dos semanas en la gran ciudad, en su casa, con un respiro de por medio en la montaña. Por esas cosas de querer reciclarse como docente  está aprendiendo inglés. Le ha dado por querer verlo todo en B.S.O., y como se entera poco, pues aprovecha que estoy por su casa para que le traduzca y ayude. Aquí tenéis el trailer en inglés, así que juzgad vosotros mismos… Brillante, la verdad, no es… [Ideal para urbanitas que se creen zens 🙂 ]

Eat, Pray, Love no deja de ser la típica y tópica historia que nos suena tan familiar y a la vez tan lejana. En su deseo de escapar de su a priori perfecta vida, la protagonista emprende un viaje por Italia, donde Come, India, donde Reza e Indonesia, donde Ama. Es con esta huída que descubre que lo que quiere en la vida no se encuentra en compañía de su marido y de su exitoso trabajo.

Los repentinos e inesperados cambios que se han sucedido últimamente me están haciendo pasar -de nuevo- por una situación algo complicada. De adolescente el choque fue tremendo al acercarme a la urbe para estudiar -además, bajo un método pedagógico radicalmente distinto. Ahora, unos años después, habiendo vivido cómo y dónde he querido -o podido-, me resulta dificil adaptarme. No me gusta, no estoy desplegando estrategias adaptativas, y más teniendo claro que no quiero quedarme.

Y bien, a lo que iba, esta película me hizo reflexionar sobre algo a lo que llevo tiempo dándole vueltas. El propio título del blog hace mención: el mundo neorural. Mi situación, aunque sea opuesta a la que se ve en la película y diferente a la de otros de pueblo que buscan oportunidades en la ciudad, tiene como punto en común los espacios rurales, o no urbanos, que cada vez se ven más transformados -neorurales. Se llenan de misticismo y devienen “chic”, bucólicos… Utópicos.

Cada vez más a menudo los pueblos acogen (¿acogemos?) más y más personas provinientes de la ciudad, y a veces, como en Eat, Pray, Love, es resultado de un viaje/retiro de estos tan de moda en nuestra sociedad (irse de safari, a la India, recorrer el Sud-Este Asiático, o simplemente yendo por una carretera comarcal y topando con algún pueblo de montaña perdido). Suelen ser personas de una treintena de edad cuya vida no les llena, no son felices y creen estar desperdiciando su vida entre trabajo y obligaciones mundanas. Su vida personal está claramente separada de la personal -de hecho, conciben su vida en relación a esta dicotomía– y llega el momento que buscan alguna cosa externa a ellos -como siempre que han buscado solucionar cosas-, que les lleve a la ansiada felicidad. Van en busca de lo “perdido”, quizás también de la integración con la naturaleza…

Pero es que esto no es el Paraíso. Y otra cosa no, pero el film rezuma este surrealismo e irrealidad, el típico argumento de libro de autoayuda, de búsqueda de la paz interior, espiritualidad… No voy a juzgar si correcto o incorrecto. Simplemente, lo considero una búsqueda a través de un camino largo, y tal vez no exitoso.

Quizás el campo es un buen sitio para vivir, o la India. Evidentemente no digo que no***. Pero Barcelona, Madrid o cualquier ciudad o sitio industrializado puede serlo también. Maticemos: tus problemas no van a desaparecer en un medio rural si tú mismo sigues sin resolverlos. Los problemas y los agobios están en ti, no en la ciudad. Ni en nadie que no seas tú.

Escúchate, préstate atención. Busca ser, y no tener, sea donde sea. Porque inconscientes, incoherentes y materialistas los hay en todas partes.

 .

***[[P.D. Tened en cuenta que me refiero a la posibilidad de vida plena, consciente, equánime y feliz en cualquier sitio según el contexto social que vivimos. Creo que no hace falta decir que, por decicisión personal y otros factores, no quiero que la mía sea en la ciudad, o al menos no en las ciudades tal y como ahora conocemos. Creo en el desarrollo personal en la naturaleza, como lo han hecho el 90% de los pobladores de nuestro género en la Tierra, y formando parte de relaciones y redes sociales. Creo que es posible a través de la experimentación, creatividad y movimiento. Sigo una filosofía vital influenciada, como veréis, por Walden (Henry David Thoreau), y quizás derivada de mi educación bajo la pedagodía Waldorf (Rudolf Steiner). Creo en “una” única forma de vivir. Y es en equilibrio energético con la naturaleza.]]

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